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miércoles, 7 de noviembre de 2007

Fuera de este mundo

Conocéis mi obsesión tanto por Coltrane como por Cortázar. Ni yo mismo sabría explicaros el por qué. Sin entrar en la trascendencia habitual, tengo claro que va más allá del mero hecho que ambos me gustan insultantemente.

Aquí tenéis un tema de free jazz de Coltrane, en el que ya desde el principio se nota claramente que la intención es la de no seguir un camino fijo, sino alcanzar un fin, un caos. Pero el caos es malo, nos dicen. Yo lo niego. El caos es la esencia del razonamiento. Entender la existencia del caos es entender la vida misma. No hay luz sin sombra, ni bondad sin maldad. No hay orden sin caos. Lanzarse en una empresa que no sabemos cómo acabará, y más importante aún, cuánto durará, es también parte del caos. Es exáctamente lo que sucede con la obra de Cortázar.O quería decir Coltrane.

Out of this world


Pero qué es Cortázar. Para mí Cortázar es un ente que representa la improbabilidad de la certeza. La improbabilidad de la certeza. Es decir, cuánto estamos de equivocados cuando estamos tan seguros de algo. Podría filosofar sin sentido durante horas, enrredándome aleatoriamente con palabras que surgan de la libre asociación y, por qué no decirlo, se contradigan unas a otras. Pero no lo voy a hacer. Prefiero callar ya y que seáis vosotros mismos los que iniciéis ese viaje que quizás termine en caos.



El caos que existe dentro de Rayuela según la Wikipedia:

Tablero de dirección

La novela propone dos lecturas: una de la manera tradicional, empezando por la primera página y siguiendo el orden normal hasta que ponga Fin (a pesar de que la novela aún tendrá muchas páginas más); y otra leyéndola en un minucioso orden de capítulos establecido en el Tablero de dirección que figura en las primeras páginas del libro. Con esta lectura, intercalada de collages, se sobreexpone de información al lector y se le hace cómplice de teorías avanzadas en materia de novela. La libertad como eje central. Una tercera consistiría en que, según el autor, existe una primera parte de capítulos necesarios, y la segunda parte, compuesta de capítulos prescindibles.Finalmente,una cuarta posibilidad de lectura,sugerida indirectamente por el autor,y utilizada por muchos de sus lectores,es leer la novela en el orden que el lector desee,ordenando y desordenando los capitulos a su gusto.

Argumento

No es posible hablar del argumento de Rayuela sin caer en inevitables reduccionismos que nos alejan del sentido profundo de la obra, ya que lo relevante de esta novela no es lo intrincado o novedoso de la trama, sino el vasto universo psicológico de cada personaje y la relación que, desde este universo, establecen con el amor, la muerte, los celos y el arte.

Teniendo esto en consideración, a continuación se presenta un sucinto resumen del argumento general de la obra, la que puede dividirse en tres partes:

  • La primera parte, Del lado de allá narra la vida de Horacio Oliveira, un argentino avecindado en Paris y su relación con la Maga, los que se rodean de un grupo de amigos que forman el Club de la Serpiente, con los que entablan memorables conversaciones y discusiones que nos entregan la visión de Cortázar acerca de la condición humana como reflejo de la condición del artista.
  • La segunda, Del lado de acá, devuelve a Horacio a Buenos Aires, donde vive con su antigua novia; allí pasa largas horas con sus amigos Traveller y Talita; en el primero se ve a sí mismo antes de partir, en la segunda ve a la Maga, inolvidable y siempre presente.
  • Finalmente De otros lados, que agrupa materiales heterogéneos: complementos de la historia anterior, recortes de periódico, citas de libros y textos autocríticos atribuidos a Morelli, un viejo escritor (posible alter ego de Cortázar). Estas páginas, si bien en ocasiones se relacionan con los capítulos que las preceden, muchas veces no son más que estímulos imprecisos que Cortázar nos presenta para ayudarnos de alguna forma a alejarnos de la linealidad clásica de la literatura y sumergirnos en subtextos y subtextos de subtextos.

En su fondo y en su forma, Rayuela reivindica la importancia del lector y hasta cierta forma lo empuja a una actividad y protagonismo negado por la novela clásica en la que éste era llevado por la linealidad de una historia en la que lo más importante era "lo que pasaría al final". En Rayuela el argumento no importa o sólo importa en tanto es el escenario en que los personajes habitan y se desenvuelven, en una libre y profunda vitalidad que el autor les otorga y de la que él mismo dice no hacerse responsable.

Muchos críticos se refieren a Rayuela como una antinovela, por el carácter innovador, ya que rompe con todos los canones preestablecidos en la época de su edición. Sin embargo, no puede decirse lo mismo por parte del autor. Cortázar afirma en una entrevista que el término "antinovela" le parece una "tentativa un poco venenosa de destruir a la novela como género" por lo que prefiere el término de contranovela. Julio busca con esta obra "ver de otra manera el contacto entre la novela y el lector", incitando a éste a que modifique su actitud pasiva frente a la obra, para tomar parte activa y crítica.

domingo, 21 de octubre de 2007

Discurso intimista de la hormiga constructora de tacurúes

Dentro de la red social de la comunidad, como individuo, como sección independiente, como pieza engrasada y funcional del engranaje de la maquinaria conjunta, lejos de una búsqueda introspectiva de la realización personal, mi funciones derivan de la necesidad del avance de nuestra colectividad, hacia un objetivo que se presupone beneficioso para todos, o mejor dicho, para la mayoría. ¿Qué soy yo entonces? No soy sino una cabeza más. Acaso pensante, tal vez limitada a obeceder los deseos del grupo, obligada a focalizar todos los pensamientos y recursos de que dispone mi microscópico cerebro al rendimiento óptimo de la psicomotricidad de mis músculos y mis huesos para, ya no alcanzar la perfección, sino la condición inequívoca de total fiabilidad, eliminando hasta la totalidad la mínima posibilidad del estado de galbana o negligencia.

Dormir, quizás soñar. Soñar, quizás despertar. La sola idea de un horizonte indistinguible entre realidad y mediocridad me repugna, me revuelve las entrañas. Como un príncipe traicionado por la más abyecta ansia de poder, su ser se ve obligado a entramar largos túneles, complicadas intersecciones e inútiles bificurcaciones que inevitablemente desembocarán en los mismo lugares, de sobra conocidos, y en los que se congregan millones de seres unos encima de los otros, alcanzando así la cima de su conquista, la venganza, y que no es, además, sino la más cruel de sus derrotas, trasportándolo vertiginosamente a un abismo en el que perecerá por la inanición de su sentido de la realidad.

Se dan los casos, y de muy cerca los he vivido, de individuos que en busca de un ínfimo oasis temporal que les alivie la asfixia, se ven obligados a emprender la búsqueda de la gravedad. Cometer actos impuros, renegar de la idea común, expresar su más contradictoria voluntad contra el sistema llevando acabo acciones de irrecuperable redención. El estímulo de la glándula metaplerual que modifica las sensaciones dentro de la colmena, transformándola en un paraíso de exquisito gusto y falsa belleza, acaban por cegar al individuo como lo haría la misma aceptación de la realidad.

lunes, 8 de octubre de 2007

Ahora sí !!

La evidencia en McLaren es tan clara que nuestro querido Alonso a decidido tomar medidas.

Ahora sí !!!

Cuerpo a cuerpo

Las tácticas de cuerpo a cuerpo no son fáciles. Requieren de destreza, agilidad, flexibilidad, todas esas palabras caducas que van perdiendo significado con el paso del tiempo. No es fácil sentarse a lado de una mujer joven que transforma su cuerpo a voluntad, doblando su cintura como si fuera de goma o estirándose bocarriba sin esconder la espalda.

Jenn-Marie es esa clase de mujer, de las que, nada más verla, odias su cuerpo y su cara por su juventud. Sus piernas famélicas que parece que se van romper.

Jenn-Marie pasó su infancia cuidando de una anciana, quizás por eso le atren los hombres viejos, porque así es cómo ella los llama, hombres viejos. La he visto comportarse con ellos como quien ciuda de una persona que ha perdido sus facultades mentales. Les coje del brazo para subir las escaleras, le retira la silla cuando se van a sentar, le habla en alto y les repite las cosas. Jenn-Marie conoce su destreza en las tácticas de cuerpo a cuerpo.

Recuerdo aquella tarde, cuando apenas la conocía, que nos encontramos de casualidad en aquel café. Todavía no sabía su nombre. Yo llevaba ya un rato sentado con mi café, del que apenas había tomados unos tragos, cuando aquella muchacha flaca de pelo castaño se me acercó para decirme algo. Me sorprendieron grandes ojos que podía dejar de mirar. Mientras ella gesticulaba y me agarraba de la mano para que me levantar, yo seguía mirando aquellos ojos tan profundos. Sin saber cómo me vi sentado junto a un grupo de ancianos mientras Jenn-Marie contaba a voz alzada una sus anécdotas sobre las conferencias políticas a las que solía asistir.

sábado, 6 de octubre de 2007

Espacios vacíos

Pero no eres la única persona a la que le pasa esto, y creo que ya lo sabes, o deberías, de tanto que hemos hablado. Déjame decirte que algo de eso es lo que me ocurre a mí en este momento, pero al revés, curiosamente. Recuerdo que tengo una casa en algún lugar de la costa con muchas playas, y un perro de ojos claros que la guarda ansioso hasta que yo regrese. Recuerdo las expresiones de asombro de los conocidos al contar historias que suenan a lejos, con palabras que jamás van a utilizar. Describir sitios a los que poder ir sin preocuparme de cuánto voy a tardar, o tan sólo sentarme en cualquier lugar y pensar que quizás aquí me podría quedar. O no. Pero claro, es tan evidente que me veo obligado a hacer como tú. Con la almohada acoplada y la manta estirada, procuro no acordarme de lo malo y sí de lo bueno, entremezclando la realidad con mucho romanticismo, y otra vez, deseando lo que no tengo.

El día después de irte, que curiosamente no logro situar con exactitud (y esta es otra peculiaridad de cómo se las gastan los días aquí, que pasan rápidamente y se amontonan en mi memoria como un taco de folios fotocopiados, sin índice ni pistas con las que poderme guiar, como el archivo de un viejo loco obsesionado con la literatura de viajes, que guarda todo aquello que tenga un mapa, una dirección, una referencia de cualquier sitio en el mundo, sin entender que los lugares, por sí mismos, carecen de nombres y apellidos, que ésos se los ponemos nosotros). Te decía, me llegó una carta del ayuntamiento. Una carta que ponía: Hola, es usted ciudadano de aquí y tiene que pagar, no sabemos exactamente el qué, pero tiene que pagar. La cantidad es un tercio del doble de lo que había calculado. Haciendo números consigo repartirlos entre Mantenimiento General de la Ciudad, y Otros Gastos Derivados. Imagino será por caminar y gastar las aceras, porque es lo único que hago desde hace cuatro meses. ¿Recuerdas aquel dicho de aquí se paga por todo?, pues es más cierto que nunca. Aquí se paga hasta por vivir.

Y es que para llevar esa idílica vida de ciudadano hace falta algo más que ganas. Hace falta dinero, mucho dinero. Y para tener dinero a su vez se necesitan dos cosas. La primera, que es preparación, para superar la competitividad laboral y acceder, al menos, a un puesto de trabajo donde no tengas que poner esa buena cara tan forzada de los inmigrantes, hartos de recorrer el mismo metro cuadrado durante ocho horas. Y la segunda, carecer de escrúpulos, para no vomitar, de la cantidad de mierda que puedes llegar a tragar. Ahora te hago una conclusión con la que espero no estés de acuerdo, para dar más rienda al juego. La puedes traducir como “formar parte de la cadena del capitalismo” más puro y crudo. Pero es algo con lo que ya contaba, estarás pensando. Y claro que lo sabes. Lo sabes tú, lo sé yo y lo sabe el perro que pasea la señora del quinto, que se alimenta de comida vegetariana y caga entre los rosales del jardín. Pero a veces se nos olvida que venimos de un sitio donde ese capitalismo no está tan acentuado. La verdadera cuestión es: ¿qué necesitamos para vivir?.

Es fácil sopesar en una mano los valores que estoy dejando atrás al estar tan lejos y los que también estoy ganando. Ahora soy más hijo de puta, más egoísta si tengo que decirlo de manera suave. Soy amable y atento con la gente de aquí, pero porque ellos lo son conmigo, no porque sea lo que realmente sale de mí. Sopesarlo, te digo, es darme cuenta de hacia qué lado se inclina la balanza. Definitivamente encajamos dentro del cliché de buscar una pareja y formar una familia, para conseguir un trabajo tranquilo que no nos incomode y comprarnos una casa lo más alejado de la civilización posible. Porque en verdad esa civilización no es sino un lugar donde acudir para cumplir ese papel heredado genéticamente de nuestros antepasados: la ciudadanía. La sociedad que contrariamente empuja al individualismo y contra el ambiente rancio que nos rodean, haciéndonos entender que los que no están a nuestro favor es porque están en nuestra contra. Para mí ya es una realidad que necesito estar al lado de quienes quiero, sin importar cuánto o qué me pueden dar. Su sola presencia ya es un premio que he logrado, a base de años de soportar la convivencia, y del que merezco disfrutar. Pero de nuevo vuelvo a contradecirme, porque he necesitado de abandonarles para entenderlo, y más, porque ese mismo egoísmo que estoy aquí adquiriendo me servirá de arma para decir sin temor qué es lo que quiero y qué es lo que no. Veo clara la fuerza del ser humano y soy consciente de lo que podemos llegar a hacer para sobrevivir, y entiendo lo privilegiado que soy en determinados momentos, aunque no siempre me dé cuenta de ello. Por si te tranquiliza y te suaviza el sueño, no has hecho mal, ni al querer conseguir lo que pretendes, tan sencillo y complicado a la vez, ni al reconocer que quizás el futuro, convertido en presente, no es exactamente como lo habías pensado. Seguimos siendo animales salvajes tratando de sobrevivir. Y sobre las obligaciones que tanto nos ocupan el cerebro sólo me atrevo a decirte que irónicamente son las que nos producen más obligaciones.