lunes, 17 de diciembre de 2007

El fantástico cielo de las estrellas huérfanas

Imagine a todas las estrellas de la galaxia girando en el cielo. El núcleo blanco-azulado de las estrellas jóvenes de la galaxia se encuentra rodeado por los amarillos brazos de pulpo de sus hermanas mayores. En uno de los lados, una columna roja de gas casi invisible se aleja, serpenteando, del remolino estrellado, da la vuelta en plena mitad del cielo y comienza a aproximarse hacia... usted.

Utilizando el Observatorio de Rayos-X Chandra, de la NASA, los astrónomos hallaron un lugar en el universo donde el paisaje podría llegar a ser como se lo describe aquí. "Es un lugar cercano a la galaxia denominada ESO 137-001", dice Ming Sun, de la Universidad Estatal de Michigan, quien dirigió la investigación.

Artículo completo en ciencia.nasa.gov.

VdV - Filosfía y Letras

viernes, 14 de diciembre de 2007

Todos podemos ser artistas




Proceso de creación (photoshop):

-Fotografío las esquinas del salón de mi casa.
-Las uno en una sola capa
-Duplico la capa y la giro 180º
-Recorto el centro con una forma peculiar
-Aplico filtro PlasticWarp
-Reparo zonas con la herramienta de clonación
-Voilà !

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Amsterdam '05

Matar en nombre de Dios

Matar en nombre de Dios

PILAR DEL RÍO 12/12/2007 - El País - Andalucía

Matar en nombre de Dios es hacer de Dios un asesino, dice José Saramago. Calumniar, difamar, sembrar odios y azuzar rencores en nombre de Dios es hacer de Dios un canalla, añado con más modestia aunque con igual firmeza. Asesino, canalla. No son estos los adjetivos que se le suelen aplicar a Dios, pero si miramos hacia atrás, o incluso prestamos atención al ruido que nos circunda, son los calificativos que saltan primero porque, en nombre de Dios, de cualquier dios inventado por culturas u hombres, se han perpetrado y se perpetran los peores crímenes y las atrocidades más bochornosas. Tanto en el ámbito de lo público como en la esfera privada, donde la conciencia parece no bastarse y necesita recurrir a dogmas para evitar enfrentarse a la capacidad de decidir y de optar de acuerdo con la razón.

In nomine Dei es una pieza de teatro que refleja la irracionalidad supina que nos habita y en la que habitamos. Saramago, en esta obra, cuenta un hecho real: la matanza a la que con saña se aplicaron católicos, luteranos y anabaptistas en la ciudad de Münster en el siglo XVI, cuando, a cuenta de si el bautizo debería ser en la edad adulta -como defendían los anabaptistas- o al nacer, como reclamaban los católicos, entraron en una espiral de violencia y delirio que acabó convirtiéndolos a todos en bestias nefandas, en torturadores, en perturbados que no inspiran ni lástima ni compasión sino el más profundo desprecio, pese a los sufrimientos padecidos, pese al número de víctimas que se dejaron llevar al matadero seguras de obtener el paraíso, sin darse cuenta de que tal acto de coraje, el de morir cuando no era su hora, el de matar, pese a estar prohibido, ponía a Dios, que era el mismo para unos y para otros y para todos un verdugo, en un segundo dilema: a quienes recibiría como suyos, a quienes condenaría al fuego eterno o salvaría para siempre. No sabemos cual fue la lógica de Dios ni para el caso importa: lo definitivo es que las miles de personas que murieron sacrificadas en Münster por una causa religiosa entorpecieron aun más la idea de Dios en el mundo. Y así hemos llegado hasta hoy.

Cuando Saramago escribió In nomine Dei dos aviones de pasajeros no se habían estrellado contra las Torres Gemelas de Nueva York, ni se habían puesto unas bombas en los trenes de cercanías de Madrid. Tampoco, con un nombre apocalíptico creado por un lince del Pentágono, se habían destruido los escombros que otros habían dejado en Afganistán y en Irak los niños podían ir a las escuelas sin que explotaran bombas de extrañas composiciones y la leucemia no era esa plaga que te espera en la sangre si consigues llegar a casa con el cuerpo intacto. En el 1993, cuando Saramago escribió esta obra, unos religiosos fanáticos no habían hecho de Alá un asesino de personas con nombres y retratos en nuestra memoria, ni unos cristianos de no sé qué confesiones financiaban, en países que son cercanos, porque el planeta tiene dimensión humana, operaciones petroleras y de otras índoles con una moneda en la que invocan a un Dios, al que así convierten, mientras nadie lo remedie, en testigo de todas los tráficos que se realicen con el papel que lleva estampado su nombre.

In nomine Dei no es un panfleto ni un sermón laico, es una obra literaria en la que un humano ha expresado su mejor condición, que es la de pensar. Y por pensar, sentir compasión de quienes, cada día, por asumir unas creencias que ellos califican de divinas, consideran que los demás son reos de culpa, seres ajenos al paraíso. Saramago sabe que hemos construido edificios admirables y cárceles donde encerrarnos a nosotros mismos y a los demás. Y hacemos eso en nombre de Dios como si tal fuera un eximente. No lo es. El mundo está poblado de guerras y no por seres humanos. Cada cultura quiere imponer su norma y cada persona, sobre todo las que se creen señaladas, intentan introducir sus códigos en otros. Pobre de ti si te quedas fuera: te matarán o te reducirán a la nada. Inventaron a Dios para machacar con más ahínco. Y se cargaron, los que en nombre de Dios reprimen, matan, imponen, ridiculizan o vejan, la idea de un ser supremo acogedor de todos, sea cual sea nuestro color, usos, costumbres o ritos. Quizá esa idea hubiera sido buena y humana, lo malo es que no se le ocurrió a nadie. Por eso las religiones no son aliadas de la humanidad, y sí un estorbo en el proceso de humanización al que no acabamos de llegar.


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domingo, 9 de diciembre de 2007

lunes, 3 de diciembre de 2007

Instrucciones para subir una escalera

Nadie habrá dejado de observar que con frequencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo recto con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a una nueva perpendicular, conducta que se repite en espiral o en línea quebrada hasta alturas sumamente variables. Agachándose y poniendo la mano izquierda en una de las partes verticales, y la derecha en la horizontal correspondiente, se está en posesión momentánea de un peldaño o escalón. Cada uno de estos peldaños, formados como se ve por dos elementos, se situá un tanto más arriba y adelante que el anterior, principio que da sentido a la escalera, ya que cualquiera otra combinación producirá formas quizá más bellas o pintorescas, pero incapaces de transladar de una planta baja a un primer piso.

Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente. Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero descansará el pie. (Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria. La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie).

Llegando en esta forma al segundo peldaño, basta repetir alternadamente los movimientos hasta encontrarse con el final de la escalera. Se sale de ella fácilmente, con un ligero golpe de talón que la fija en su sitio, del que no se moverá hasta el momento del descenso.

Historias de cronopios y de famas . Julio Cortázar